El extraño caso de las miniaturas armenias

El manuscrito armenio cuenta con una historia de quince siglos: desde la creación del alfabeto armenio, por el monje Mesrop Mashtosts en el año 405, hasta su final en el siglo XIX. El primer libro en escritura armenia fue una traducción de la Biblia. Mesrop Mashtosts y el Catholicós Sahak Partev, junto con sus discípulos, tradujeron mucha literatura extranjera dando comienzo así a una literatura original. Fueron los primeros en escribir textos en armenio.

A lo largo de los tiempos, el libro ha compartido con el pueblo armenio su trágico destino. Siempre se ha considerado un santuario, un lugar sagrado. La gente lo guardaba, lo defendía de los invasores, incluso pagaba dinero para poder recuperar los que habían sido arrebatados. En las inscripciones históricas se habla de libro como si fuera algo animado, un ser vivo “secuestrado” y “liberado de su cautiverio”. Se decía que el libro hay que tenerlo abierto porque cerrado parece un ídolo pagano. Precisamente, gracias a este trato que el pueblo armenio ha dado al libro, se han salvado gran cantidad de manuscritos.

Por otra parte, los colofones, en armenio “hishatakarán”, han propiciado que la mayoría de manuscritos armenios hayan sido hallados y que se hayan concretado sus fechas de creación. Estos colofones eran escritos por copistas, miniaturistas o incluso encuadernadores que dejaban su hishatakarán en los libros. Gracias a estas notas, pues, podemos seguir la “larga odisea” del manuscrito.

Los manuscritos se llamaban “matián” o “girk”. De la palabra matián procede el Matenadarán, que significa “depósito de manuscritos”. Así se llama el Museo e Instituto Mashtots de investigaciones sobre manuscritos que está en la capital de Armenia, en Ereván. Este museo cuenta con una riquísima colección de manuscritos y documentos antiguos, considerada como una de las mejores en el mundo. Existen tres importantes centros donde se conservan los manuscritos armenios: el museo de Matenadarán, en Ereván, el Patriarcado armenio de Jerusalén y la biblioteca de los monjes Mekhitaristas en Venecia, en la isla San Lázaro.

Antes del siglo X, los manuscritos se escribían en pergamino, pero después comenzó a emplearse el papel también. El pergamino usado era de la más alta calidad: muy fino, suave como el papel, de color claro y bien elaborado por ambos lados. Las tintas armenias no sólo se empleaban para ilustrar los manuscritos, sino también para teñir alfombras, pintar frescos, y gozaron de gran fama desde tiempos remotos. Especialmente valiosas eran las tintas llamadas “marena” y “vortán karmir” (conocido en el occidente como “carmín armenio” y en el mundo musulmán como “kirzimi”). El vortán karmir se obtenía de una especie de gusanos que viven solamente en el valle de Ararat. El manuscrito ilustrado, por otra parte, se suele dividir por grupos y etapas de evolución: están los manuscritos que fueron creados hasta el siglo XI; los manuscritos de las diferentes escuelas de iluminación de Armenia Mayor y Menor de los siglos XI-XII; los que fueron creados a partir del siglo XIII en Ani, Vaspurakán, Artsaj (actualmente Alto Karabaj), Gladzor y Bardzr Hayk; los que fueron iluminados después del siglo XIII en las comunidades armenias de Italia, Crimea, Persia, Constantinopla, Tbilisi, Nor Djuga, etc.

La miniatura armenia tuvo asimismo una existencia de catorce siglos: desde siglo V hasta el siglo XIX. En el siglo V, después de la creación del alfabeto armenio por Mesrop Mashtots (405 d.C.), en Armenia comenzó el periodo de florecimiento literario, que también supuso la base para el desarrollo de la iluminación de los manuscritos.

De los veinticinco mil manuscritos armenios que han llegado hasta nuestros días, unos diez mil están ilustrados. Se ilustraban más los Evangelios que las Biblias. Los manuscritos se creaban y se iluminaban en los “scriptoria” de los monasterios, llamados “grchatún”. Los primeros evangelios ilustrados datan del siglo V, pero no se han conservado. Ya en aquella época, el poeta Stepanos Syunetsi escribió la obra “Descripción de las tablas del canon”, donde explica el significado de los colores empleados, los animales y motivos ornamentales vegetales. Las miniaturas más antiguas que han llegado hasta nosotros pertenecen a los siglos VI y VII. Estas miniaturas son únicas por su nivel artístico y pensamiento figurativo, ejemplos preciosos del arte de los primeros cristianos. Las fuentes históricas hablan de la existencia de una escuela de miniaturistas en Kamsarakán durante los siglos VI-VIII. Los primeros manuscritos totalmente iluminados que se han conservado son del siglo IX: el Evangelio de la reina Mlke (año 862) y dos Evangelios de Echmiatsin.

La mayor parte de los manuscritos iluminados que han llegado hasta nuestros días son de carácter religioso. Esto se explica porque el arte armenio medieval estuvo estrechamente vinculado a la Iglesia. El pueblo ha conservado los manuscritos sagrados. Originalmente, las miniaturas se dibujaban a ambos lados del pergamino, y sólo desde la mitad del siglo XI empezaron a ilustrarse en uno solo. Ya en el siglo X, se comienza a utilizar gradualmente el papel. El manuscrito armenio en papel más antiguo que se ha conservado ha cumplido ya los mil años, escrito en el año 981 por el sacerdote David y su hijo copista Ghukas. Sin embargo, en Armenia el pergamino no fue suplantado totalmente por el papel, sino que siguió utilizándose hasta el siglo XVIII, especialmente en los libros litúrgicos. Para escribir se utilizaba tinta negra o marrón obtenida de las cáscaras de nuez. Escribían con cálamo, una caña con la punta afilada.

Hasta la primera mitad del siglo XI las miniaturas se dibujaban al comienzo del libro. Los primeros manuscritos iluminados del siglo XI datan del año 1007, 1018 y 1033. En el “Evangelio de Vehapar” (siglos X-XI), aparte de las iluminaciones que ocupan páginas enteras, también aparecen ilustraciones dentro del texto. Todas estas miniaturas están dibujadas con un gusto exquisito en cuanto a composición y colorido. A partir de la segunda mitad del siglo XI, aparece la escuela de manuscritos y miniaturas de Ani. Uno de los más famosos manuscritos allí creados es el “Evangelio de Mughni”. Las miniaturas de esta escuela destacan por su monumentalidad y por su parecido con los frescos. Son muy ricos en iluminación de vegetales, ornamentos, animales reales y míticos, etc.

Además, debido a la influencia del Imperio Bizantino y a las agresiones de los seléucidas, muchas residencias reales armenias se desplazaron a las provincias occidentales del país, donde en estrecha conexión con la cultura bizantina se desarrolló el arte del manuscrito armenio y la miniatura (el Evangelio de Trabzon, el Evangelio de Kars). En este caso, la influencia bizantina es notable tanto en la estética de las imágenes como en las decoraciones ornamentales.

La decoración de los evangelios del siglo XII es más sencilla y las miniaturas de temas bíblicos escasas. En esta época se forma definitivamente la tabla del canon, con sus ornamentos específicos. En la segunda mitad del siglo XII se origina la tradición de ilustrar diferentes compilaciones eclesiásticas. En estos grandes manuscritos, el texto empieza con la imagen del héroe o del autor del libro, o con la decoración de la primera letra. Algunos manuscritos del siglo XII, ricamente ilustrados, están vinculados con la escuela miniaturista armenia de Cilicia.

La obra maestra de la miniatura armenia del siglo XII es el “Libro de Lamentaciones”, de San Gregorio de Narek, realizado en el año 1173, que incluye cuatro retratos del Santo.

Como menciona uno de los grandes especialistas en iconografía antigua y miniatura armenia, Victor Lazarev, a pesar de las relaciones con las culturas bizantina y siria, la base del estilo de la miniatura armenia siempre ha sido el arte tradicional.

El renacimiento artístico de las miniaturas armenias se inicia en la primera mitad del siglo XIII. Uno de los manuscritos más destacado de aquella época es el “Msho charentir”, escrito entre 1200 y 1202. En la primera mitad del siglo XIII, la ciudad de Ani se convierte en un centro importante del arte de la iluminación de manuscritos armenios. Allí se creó el Evangelio de Hakhpat en 1211, año en que aparece la famosa miniatura “La entrada triunfal a Jerusalén”.

Los maestros de la escuela miniaturista de Gladzor, desde finales del siglo XIII hasta mediados del XIV, fueron Mateos, Momik, Torós Taronatsi y Avag, que poseen su propio estilo artístico y cada uno de ellos, a su modo, tiene presente la influencia de la escuela de la miniatura armenia de Cilicia. Momik, que era también arquitecto y escultor, creó tipos originales de miniatura, que representan a los personajes de forma más amplia y polifacética que los artistas de la escuela miniaturista de Cilicia. Se han conservado muy pocas iluminaciones de este gran artista.

En la historia de la miniatura armenia son muchos los nombres de artistas brillantes, entre ellos podemos mencionar a los maestros de diferentes escuelas de miniatura armenia – Avag, Grigor, Torós Taronatsi, Torós Roslin, Tserún, Sarguis Pitsak, etc. Estos iluminadores nos han dejado un patrimonio lleno de belleza, espiritualidad y fe cristiana.

A partir de la segunda mitad del siglo XIV, el pueblo armenio, al perder su último reino en Cilicia, no volvería a recuperar su condición de Estado hasta el año 1918, y la cultura armenia, por tanto, se desarrolló más en la diáspora, en lugares como Italia, Crimea, Constantinopla, etc. En la misma Armenia, seguían creándose manuscritos en Syunik y Bardzr Hayk, pero la aparición de la tipografía armenia y del arte de la pintura en caballete jugaron un papel negativo en el futuro desarrollo de la miniatura armenia medieval. En 1512 aparecen los primeros libros y publicaciones en armenio. Y en el siglo XIX, finalmente, la tipografía suplanta el manuscrito.

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